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Ahri
Titulo: la Mujer Zorro de Nueve Colas (EUW)

la Kumiho Ancestral (LAN/LAS)

la Vastaya de Nueve Colas (LAN/LAS)

Alias: Zorro de Nueve Colas
Afiliación: Bien
Lugar de Nacimiento: Jonia
Familia: ProfileIcon3019 Mascota (Skin)
Atributo Principal: Mago
Atributo Secundario: Asesino
Rewardicons rp: 880 RP
Datos del Campeón
Especie: Vastaya (Kumiho)
Voz Original: Laura Post
Doblaje Latino: Rommy Mendoza

Annie Rojas

Doblaje Español: Inés Blázquez
Color de Pelo: Negro
Color de Ojos: Amarillos/Naranja
Genero: Femenino
Ocupación: Cazadora de Almas

Estrella del Pop (Skin)

Estudiante (Skin)

Jugadora Arcade (Skin)

Guardiana Estelar (Skin)

Arma: Orbe del Engaño
Ahri promo icon

1° Historia

A diferencia de otros zorros que habitan en los bosques al sur de Jonia, Ahri siempre sintió una extraña conexión con el mundo mágico que la rodeaba. Una conexión que, de algún modo, le parecía que estaba incompleta. En lo más profundo de su interior, sentía que el cuerpo en el que había nacido era como una enfermedad y soñaba con llegar a convertirse en humana. Su objetivo parecía estar lejos de su alcance, hasta que se encontró en medio de una batalla humana. Era una escena espeluznante, la tierra estaba oscurecida por las siluetas de soldados heridos y moribundos. Se sintió atraída hacia uno de ellos: un hombre con túnica, envuelto por un campo mágico, cuya vida se iba acercando rápidamente a su fin. Se aproximó y algo en su interior se activó, atrayéndole hacia el hombre de una forma que no pudo comprender. Su esencia vital se introdujo en ella, guiada por filamentos mágicos invisibles. La sensación era embriagadora e insoportable. Cuando salió de este estado, descubrió entusiasmada que algo había cambiado en ella. Su lacio y brillante pelo blanco había desaparecido y su cuerpo era alargado y ágil: tenía la forma de los humanos que yacían en el suelo a su alrededor.

Sin embargo, aunque tenía apariencia humana, sabía que en realidad la transformación estaba incompleta. Era una criatura inteligente, así que se adaptó a las costumbres de la sociedad humana y aprovechó su don de la belleza para atraer a los hombres incautos. Podía consumir sus esencias vitales cuando estaban encantados por sus hechizos seductores. Alimentarse de sus deseos le permitió estar más cerca de su sueño, pero a medida que arrebataba vidas, empezó a apoderarse de ella un fuerte sentimiento de arrepentimiento. Tenía reservas ante acciones que nunca le habían importado cuando sólo era un zorro. Se percató de que no podía soportar el remordimiento de su creciente moralidad. En su búsqueda de una solución, Ahri encontró la Academia de la Guerra, el hogar de los magos más poderosos de Runaterra.

"La piedad es un lujo y una responsabilidad humana". -- Ahri

A diferencia de otros zorros que habitan en los bosques al sur de Jonia, Ahri siempre sintió una extraña conexión con el mundo mágico que la rodeaba. Una conexión que, de algún modo, le parecía que estaba incompleta. En lo más profundo de su interior, sentía que el cuerpo en el que había nacido era como una enfermedad y soñaba con llegar a convertirse en humana. Su objetivo parecía estar lejos de su alcance, hasta que se encontró en medio de una batalla humana. Era una escena espeluznante, la tierra estaba oscurecida por las siluetas de soldados heridos y moribundos. Se sintió atraída hacia uno de ellos: un hombre con túnica, envuelto por un campo mágico, cuya vida se iba acercando rápidamente a su fin. Se acercó a él y algo en su interior se activó, acercándose al hombre de una forma que no pudo comprender. Su esencia vital se introdujo en ella, guiada por filamentos mágicos invisibles. La sensación era embriagadora e insoportable. Cuando salió de este estado, descubrió entusiasmada que algo había cambiado en ella. Su pelo brillante y blanco había desaparecido y su cuerpo se había vuelto estilizado y flexible. Ahora tenía la forma de los cuerpos humanos que yacían ante ella.

Sin embargo, aunque tenía apariencia humana, sabía que en realidad la transformación estaba incompleta. Era una criatura inteligente, así que se adaptó a las costumbres de la sociedad humana y aprovechó su don de la belleza para atraer a los hombres incautos. Podía consumir sus esencias vitales cuando estaban encantados por sus hechizos seductores. Alimentarse de sus deseos le permitió estar más cerca de su sueño, pero a medida que arrebataba vidas, empezó a apoderarse de ella un fuerte sentimiento de arrepentimiento. Tenía reservas ante acciones que nunca le habían importado cuando sólo era un zorro. Cuando se percató de que no podía soportar el remordimiento de su creciente moralidad, Ahri salió en busca del mago más dotado de Runaterra con la esperanza de aprender a canalizar su evolución de una vez por todas.

"La piedad es un lujo humano... y una responsabilidad". -- Ahri

El jardín del olvido

Ahri Lore 4

Unna ráfaga de viento frío nocturno soplaba desde el jardín, arrastrando con él las agradables esencias de la fruta madura y las plantas en flor. Ahri se detuvo frente a la entrada del jardín, donde la piedra se convertía en suelo y las estrechas cuevas laberínticas se abrían al cielo como un profundo cráter. Los matorrales y los arbustos crecían de forma salvaje bañados por la luz de la luna, y las abundantes plantas florecían con exuberancia. Ahri dudó, a sabiendas de la naturaleza dual del peligro y la belleza. Había oído leyendas de la arboleda sagrada desde su infancia, pero nunca había atravesado las cavernas del sur para llegar hasta ella. Según relatan las historias, aquellos que traspasaban el límite del jardín, accedían como una persona y lo abandonaban como otra totalmente diferente. Si es que lograban salir de allí.

Fuera cual fuera la verdad, Ahri ya lo tenía decidido. Cuando puso el primer pie en el jardín, el vello de la nuca se le erizó como si alguien la observase. No había ninguna figura visible entre los árboles, pero el jardín distaba de encontrarse en silencio. Mirase a donde mirase, Ahri veía nuevas plantas floreciendo cada segundo. Recorrió un camino sinuoso entre las plantas enredadas, saltando las protuberantes raíces que sobresalían del suelo. Se agachó bajo unas enredaderas colgantes que se extendían hacia ella como si reclamasen afecto. Juraría que había escuchado al crujido de las hojas mandando a callar con un "ssshhh".

La luz de la luna atravesaba las copas de los árboles, revelando sus hojas plateadas y doradas. Los tallos de las flores se enredaban en sus troncos, haciendo bucles rematados con capullos más brillantes que cualquier piedra preciosa. Los frondosos cerezos de especias cubiertos con una capa de escarcha tintineaban suavemente al balancearse entre los matorrales salvajes.

Ahri Lore 5

Unn lirio de las nieves se inclinó hacia la cara de Ahri y le acarició la mejilla suavemente. Era demasiado atractivo como para resistirse. Ahri hundió la cara en sus pétalos para inhalar su embriagadora esencia. Sintió cómo se le enfriaba la nariz y respiró el suave olor a naranja, a la brisa de verano y el intenso sabor de un asesinato reciente. La flor se estremeció y el color la inundó. Ahri se atragantó con su propia respiración. Comenzó a tambalearse, mareada por el perfume de la flor. Un corte.

El lirio de las nieves cayó al suelo, con el tallo endurecido. Un líquido viscoso se filtró por el corte. Ahri exhaló, sacudiendo sus nueve colas al mismo tiempo que se recuperaba del aturdimiento.

La vastaya se sobresaltó cuando vio que una mujer con mechones grises canosos se encontraba frente a ella, con unas tijeras de podar en la mano. Estaba envuelta en un mantón colorido y en sus pestañas brillaban gotas de rocío.

Cuando la mujer la miró con sus ojos verde marino, Ahri sintió una extraña incomodidad, como si esa mujer pudiera arrancarle las entrañas con tanta facilidad como cortaría el tallo de una flor. El semblante de la mujer, tan arrugado como la corteza de un árbol, era imposible de descifrar. Aun así, a Ahri ya no le preocupaba su propia seguridad.

—Me has asustado, Ighilya —dijo Ahri. En las historias, la anciana era conocida como la Carroñera de Secretos, la Olvidada, o la Bruja Jardinera. Con intención de mostrarle su respeto a una mujer tan poderosa, Ahri decidió llamarla Ighilya, bisabuela.

—Las flores quieren algo de nosotros —dijo—. Del mismo modo que nosotros buscamos algo en ellas. Más te vale mantener la nariz alejada. Es algo que he acabado aprendiendo. Tengo que alimentar a estas pequeñas yo misma.

—¿Eres la Jardinera, entonces? —preguntó Ahri.

—Sí, es uno de los nombres más amables con los que se refieren a mí. Pero eso no importa. Sé por qué estás aquí, Iminha.

Pequeña. Ahri se sintió incómoda con la palabra, más propia de una relación de familia, pero no sabía por qué.

—Buscas la absolución. Que te libren de tu dolor —dijo la Jardinera. Pasó sobre un helecho retorcido y le hizo señas a Ahri—. Ven.

En su paseo por el jardín bañado por la luz de la luna, las flores se giraban para mirar a la anciana, como si ella fuese el mismo sol que calienta sus hojas y las ayuda a crecer. O quizás no quisieran darle la espalda.

Ahri Lore 6

Laa mujer llevó a Ahri hasta un banco frente a un retorcido árbol de manzanube, y se sentó en frente de ella.

—Déjame adivinar. Estabas enamorada —dijo la Jardinera, curvando las comisuras de sus labios en una sonrisa.

Ahri frunció el ceño.

—No te preocupes, no eres la primera —dijo la anciana—. ¿Quién era? ¿Un soldado? ¿Un aventurero? ¿Un guerrero exiliado?

—Un artista —contestó Ahri. No había pronunciado las sílabas de su nombre desde hacía más de un año, y no sentía que fuese capaz de hacerlo ahora. Era como tragar trozos de cristal—. Pintaba... flores.

—Ah, un romántico —respondió la Jardinera.

—Yo lo maté —escupió Ahri—. ¿Te parece suficientemente romántico?

Al decir la verdad en voz alta, Ahri no pudo disimular la amargura en sus palabras.

—Absorbí su vida de sus propios labios y murió en mis brazos —continuó—. Era más amable y altruista de lo que nadie debería ser. Pensé que podría aplacar mis instintos, pero el sabor de sus sueños y recuerdos era demasiado tentador. Me estaba provocando. No me pude resistir. Y ahora... ahora no puedo seguir adelante sabiendo lo que hice. Por favor, Ighilya, ¿puedes obsequiarme el olvido? ¿Puedes ayudarme a olvidar?

La Jardinera no respondió. Se puso en pie, recogió una fruta madura del árbol y la peló lentamente, con cuidado, para que la piel quedase de una pieza. La carne de la fruta se abrió en seis gajos de color rojo, y se los ofreció a Ahri.

—¿Quieres un trozo?

Ahri la miró.

—No te preocupes, esta no quiere nada de ti. No es como las flores. Las frutas nunca piden nada a cambio. Las frutas son las partes más generosas de las plantas. Se esfuerzan por ser sabrosas, jugosas y tentadoras. Lo único que quieren es ser atractivas.

—La fruta se convierte en cenizas en mi boca —dijo Ahri—. ¿Cómo puedo alimentarme si no soy más que un monstruo?

—Incluso los monstruos necesitan comer, ¿sabes? —respondió la Jardinera sonriendo amablemente.

Se metió un gajo de la manzanube en la boca, la masticó y su cara cambió de expresión.

—¡Qué ácida! A pesar de todos los años que llevo en este jardín, no me acostumbro a su sabor.

La anciana se comió el resto de gajos mientras Ahri la miraba en silencio. Cuando acabó, se limpió el jugo de los labios.

—De modo que robaste una vida que no te pertenecía —dijo la Jardinera—. Ahora sufres las consecuencias.

—No puedo soportarlo —respondió Ahri.

Vivir es sinónimo de sufrir, me temo —contestó la Jardinera.

—Una enredadera llena de capullos de lirios de las nieves se abrió paso hasta rodear el brazo de la anciana. La mujer no se apartó.

Ahri Lore 7

NNo puedo seguir sabiendo que lo maté —suplicó Ahí.

—Las consecuencias de perderte a ti misma son aún mayores, Iminha.

La Jardinera le agarró la mano y se la apretó. Sus ojos de color verde marino brillaban con la luz de la luna, y Ahri percibió en ellos un sentimiento desconocido para ella... ¿añoranza, quizás?

—Te romperás —dijo la mujer—. No volverás a ser una.

—Ya estoy rota en fragmentos —respondió Ahri—. Y cada segundo que pasa, me rompo un poco más. Por favor, Ighilya, debo hacerlo.

La anciana suspiró.

—Este jardín no rechazará un regalo, ya que siempre está hambriento.

Tras decir eso, la Jardinera le ofreció su brazo a Ahri, aún envuelto por la enredadera de lirios de las nieves. Los capullos se abrieron como manos extendidas.

—Dale tu aliento a estas flores mientras piensas en los recuerdos de los que te quieres deshacer —explicó la mujer, señalando el lirio con forma de campana—. La flor los consumirá. No vuelvas a inhalar, hasta que no sientas nada.

Ahri tomó la flor suavemente con sus dedos. La Jardinera asintió. Ahri inspiró profundamente y espiró sobre la flor.

Ahri Lore 8

Se encontraba junto a un hombre de pelo azabache en la orilla de un lago. Juntos, saltaron al agua y jugaron entre las olas infinitas.

El sufrimiento de Ahri se disolvió como una nube a la vez que la imagen desaparecía de su mente.

En un bosque silenciado por el invierno, Ahri observaba a un hombre de pelo azabache pintar una flor.

—¿No soy yo tu flor? —le preguntó ella, quitándose el cinturón que le sostenía el vestido. Él levantó el pincel y le pintó la espalda desnuda. La brocha se estremecía al crear una flor sobre su columna.

—Lo eres, lo eres —repitió, besándole el hombro con cada palabra.

Ahri sabía que debía temer a lo que venía después, pero su corazón se estaba enfriando y entumeciendo.

Estaba en el centro del lago, sosteniendo el cuerpo inerte del hombre al que un día amó. El cadáver se hundió y su forma se difuminó por el efecto del agua.

En otro momento, esta visión le habría causado un dolor punzante, pero Ahri ya no sentía ese tipo de tormento.

Estaba inclinada sobre un leñador en una caverna de piedra, consumiendo su vida. Se asustó al oír unas botas crujiendo en la nieve. El hombre de pelo azabache la vio. Ahri sintió desesperación. No quería que él viera eso.

—No puedo ser lo suficientemente buena para ti —dijo Ahri—. Mírame, hambrienta del alma de un hombre moribundo. Déjame, por favor. No soy buena. No puedo ser buena.

Su amante de pelo azabache respondió.

—No me importa —esta era la primera vez que Ahri recordaba a alguien queriéndola tal y como era, a pesar de su naturaleza. Su voz era cálida y estaba llena de sentimientos—. Soy tuyo.

Este recuerdo le hizo atragantarse y dejó de respirar, lo que rompió el hechizo de la flor.

No, pensó. No puedo perder esto.

Ahri intentó respirar, pero el aire parecía ahorcarle. La asfixiaba y le oprimía la garganta, como si respirase veneno. Se le nubló la vista, pero dio bocanadas hasta que sus pulmones no pudieron más.

Olvidar esto lo volvería a matar.

Las rodillas de Ahri se debilitaron y cayó al suelo, con el lirio de las nieves aún entre las manos. El perfume artificial que había inhalado de la flor se había filtrado en su mente, conjurando visiones extrañas y perturbadoras.

Ahri Lore 9

Ahri tuvo alucinaciones. En un bosque silenciado por la nieve, vio cómo sus nueve colas eran arrancadas de su columna. Luego volvían a crecer para volver a ser arrancadas.

En una caverna de piedra, vio una docena de retratos de sí misma pintados con pinceladas de pintura negra. En todas las imágenes, su cara era negra y fría.

Flotaba en el centro de un lago, como si su cuerpo no pesase nada. Al mirar hacia abajo, se dio cuenta de que las aguas sobre las que flotaba no eran sino sangre.

¿Dónde estás?.

En el fondo de su mente vio una cara combada por los pliegues infinitos de su propia memoria. Una cara que ya estaba olvidando. Las facciones aparecían difuminadas, como si fuese la pintura de un hombre en lugar del propio hombre. Él la miraba, la observaba, pero ella no podía mirarlo a los ojos.

Ahri despertó. La Jardinera estaba de pie sobre ella, sosteniendo la enredadera de lirios de las nieves, que ahora eran de color azabache.

Ahri Lore 10

¿Sigues viéndolo? —preguntó la anciana.

Ahri se concentró en las formas borrosas de su mente hasta que formaron una cara. Su cara.

—Sí. Está borroso, pero... lo recuerdo —dijo Ahri. Reconstruyó la imagen de su cara en su mente, memorizando cada detalle. No permitiría que desapareciese.

Los ojos de la anciana se llenaron de arrepentimiento, sustituyendo la añoranza.

—Eso quiere decir que has hecho lo que muchos no se atreven a hacer. No has sucumbido a la paz —dijo la Jardinera.

—No pude —dijo Ahri, ahogándose con sus propias palabras—. No podía olvidarlo. A pesar de que soy un monstruo. A pesar de que cada día muero, y cada día el dolor se multiplica por cien. El olvido es peor, mucho peor.

El olvido eran miles de caras borrosas observándola con ojos vacíos.

—No puedes recuperar lo que entregaste, Iminha —dijo la Jardinera—. Las flores no renuncian a lo que han recibido de forma gratuita. Pero puedes quedarte con lo que aún te queda. Ahora, vete. Abandona este lugar antes de que se cierna sobre ti —susurró. Las enredaderas envolvieron los hombros de la Jardinera, revelando lirios de un color verde marino—. Como ha hecho con muchas otras personas.

Ahri intentó levantarse, pero una enredadera de lirios de las nieves había atrapado sus colas. Peleó por liberarlas de las ataduras, tirando de su piel. Entonces, logró ponerse en pie y salió corriendo. Las raíces anudadas se desprendieron del suelo, intentando atraparla cuando saltaba entre ellas. Una cortina enredada de rosas lunares se interpuso en el camino de Ahri, pero esta aguantó la respiración y las atravesó, perdiendo mechones de pelo al hacerlo.

Ahri Lore 11

El sendero del jardín se había llenado de lirios de las nieves de todos los colores. Sus hojas, afiladas como cuchillos, cortaban la piel de Ahri al mismo tiempo que los frondosos matorrales se enredaban en su cara y su cuello, cubriéndole la boca. Ahri las mordió y se abrió paso entre los tallos con los dientes. Sabían a sangre amarga. Consiguió atravesar el arco hasta llegar a las cavernas de piedra del otro lado.

Podía oír la voz de la Jardinera.

—Una parte de ti se quedará aquí para siempre —dijo la mujer—. A diferencia de nosotros, el jardín no olvida.

Ahri no se dio la vuelta.

Ahri Lore 12

Ahri Lore 4

Una ráfaga de viento frío corría desde el jardín, acompañada de la tentadora fragancia de fruta pasada y pimpollos en flor. Ahri se encontraba en la entrada del jardín, donde la piedra se transformaba en tierra y las angostas cuevas laberínticas se abrían hacia el cielo en una caldera profunda. La espesura de los árboles y las zarzas crecía salvajemente bajo la luz de la luna, mientras las flores brotaban en espléndida abundancia. Ahri dudó, conociendo bien la naturaleza dual del peligro y la belleza. Había escuchado leyendas de la arboleda sagrada desde su infancia, pero nunca había atravesado las cuevas sureñas para encontrarla. Según las historias, aquellos que atravesaban el umbral del jardín entraban como una persona y salían como alguien completamente distinto, o no salían.

Cualquiera que fuera la verdad, Ahri ya estaba decidida. Mientras entraba al jardín, sintió un cosquilleo en la nuca, como si alguien la estuviera observando. No había ninguna figura visible entre los árboles, pero el jardín estaba lleno de vida. A donde quiera que Ahri miraba, surgían nuevas flores con cada segundo transcurrido. Ahri caminó por un sendero sinuoso a través de marañas de plantas, esquivando raíces estrepitosas bajo la tierra. Se escabulló debajo de vides colgantes que se acercaban a ella como si necesitaran afecto. Podría jurar que acababa de escuchar un shh proveniente del suave crujido de las hojas.

Los rayos de luna brillaban a través del dosel y revelaban árboles con hojas plateadas y doradas. Los tallos de las flores se enredaban alrededor de sus troncos, curvándose para mostrar deslumbrantes pimpollos, más brillantes que cualquier piedra preciosa. Regordetas cerezas especiadas cubiertas en una capa de escarcha repiqueteaban suavemente al balancearse entre la salvaje maleza.

Ahri Lore 5

Un lirio nevado se extendió hacia el rostro de Ahri y acarició su mejilla con suavidad. Era demasiado cautivante para resistirse. Ahri acercó el rostro hacia los pétalos para inhalar su aroma embriagador. Su nariz se enfrió y apreció el ligero olor a naranjas, la brisa veraniega y el olor de una matanza reciente. La flor se estremeció mientras se cubría de color y la respiración de Ahri se entrecortó. Se tambaleó un momento, mareada por el perfume de la flor.

Un corte.

El lirio nevado cayó a la tierra, separado del tallo. Un líquido viscoso se escurrió por el corte. Ahri exhaló, sus nueve colas se sacudían mientras su mente se despejaba.

Se sobresaltó al ver a una mujer con mechones de cabello grisáceo parada frente a ella, tijeras en mano. Estaba envuelta en mantos coloridos y sus pestañas centelleaban con rocío.

Cuando la mujer dirigió su mirada verde mar hacia Ahri, esta se sintió inquieta, como si la mujer pudiera rebanar sus entrañas con la misma facilidad con la que había cortado el tallo. El rostro de la mujer, arrugado como la corteza de un árbol, era imposible de leer. Pero Ahri ya no estaba preocupada por su seguridad.

Me asustó, Ighilya dijo Ahri. En las leyendas, la mujer anciana era conocida como la Devoradora de Secretos, la Olvidada, o la Bruja Jardinera. Queriendo mostrar respeto por alguien tan poderoso, Ahri decidió llamarla Ighilya. Bisabuela.

Las flores quieren algo de nosotros, dijo la anciana. Tal como nosotros buscamos algo de ellas. Sería sabio no meter tu nariz donde no es bienvenida. Sé de lo que hablo. Yo misma alimento a estos bebés hambrientos.

Así que usted es la Jardinera, dijo Ahri.

Uno de mis nombres más amables, sí. Pero ese no es el punto. Sé por qué estás aquí, Iminha.

Pequeña. Ahri se sintió incómoda con la palabra, que en general se usaba en una relación familiar, aunque no estaba segura de la razón.

Buscas absolución. Dejar de sentir dolor, dijo la Jardinera.

Pasó por arriba de un helecho encogido y le hizo señas a Ahri para que se acercara.

Ven.

Conforme avanzaban por el jardín iluminado por la luna, las flores giraron hacia la anciana como si fuera el sol que calentaba sus hojas y las ayudaba a crecer. O tal vez las flores no deseaban darle la espalda.

Ahri Lore 6

La anciana condujo a Ahri hacia un banco en frente de un árbol retorcido de fruta nubis y se sentó en frente.

Déjame adivinar. Estabas enamorada, dijo la Jardinera con una sonrisa curiosa en las comisuras de los labios.

Ahri frunció el ceño.

No te preocupes, no eres la primera, dijo la anciana. Así que, ¿quién era? ¿Un soldado? ¿Un aventurero? ¿Un guerrero exiliado?

Un artista, contestó Ahri. No había pronunciado las sílabas de su nombre por más de un año y no podía decirlo ahora. Se sentía como tragar vidrio roto. Él pintaba... flores.

Ah. Un romántico, dijo la Jardinera.

Lo asesiné, dijo Ahri de repente.

Mientras decía la verdad en voz alta, Ahri no podía tapar la aguda amargura en su lengua.

Succioné la vida de sus labios cuando yacía moribundo en mis brazos, continuó. Era bondadoso, más desinteresado de lo que cualquiera tiene derecho a ser. Pensé que podría suprimir mis instintos. Pero el sabor de sus sueños y recuerdos era demasiado tentador. Él me alentó. No me resistí. Y ahora... ahora no puedo seguir adelante sabiendo lo que hice. Por favor, Ighilya. ¿Puedes otorgarme el don del olvido? ¿Puedes hacerme olvidar?

La Jardinera no contestó. Se levantó y tomó una fruta nubis madura del árbol, la peló lenta y cuidadosamente para que la cáscara quedara en una sola pieza. La pulpa se dividía en seis segmentos color bermellón y la Jardinera se los ofreció a Ahri.

¿Quieres una rebanada?

Ahri la miró fijo.

No te preocupes, no quiere nada de ti. No es como las flores. La fruta nunca quiere nada. Es la parte más generosa de una planta, se empeña en ser exquisita y jugosa, además de tentadora. Solo quiere atraer.

La comida se convierte en cenizas dentro de mi boca, dijo Ahri. ¿Cómo puedo alimentarme cuando no soy más que un monstruo?

¿Sabes? Incluso los monstruos necesitan comer, dijo la Jardinera, sonriendo con gentileza.

Puso uno de los segmentos de la fruta nubis en su boca y masticó antes de hacer una mueca.

¡Está agria! En todos mis años en el jardín, nunca me acostumbre al sabor fuerte.

La anciana comió los trozos restantes mientras Ahri permanecía en silencio. Cuando terminó, limpió el jugo de su boca.

Así que robaste una vida que no te correspondía terminar, dijo la Jardinera. Ahora sufres las consecuencias.

No lo soporto, dijo Ahri.

Me temo que estar viva significa sufrir.

Una vid con lirios nevados se abrió camino hacia el brazo de la anciana.

Ahri Lore 7

No puedo continuar sabiendo que lo maté, suplicó Ahri.

Perderte a ti misma acarrea consecuencias más grandes, Iminha.

La Jardinera tomó la mano de Ahri y la estrechó. Sus ojos verde mar se iluminaron bajo la luz de luna y Ahri detectó algo de lo que no se había percatado antes, ¿tal vez era anhelo?

Quedarás destrozada, dijo la anciana. Nunca estarás completa de nuevo.

Ya estoy fragmentada, contestó Ahri y cada segundo que transcurre, me divido en nuevos fragmentos. Por favor, Ighilya. ¡Debo hacer esto!

La anciana suspiró.

Este jardín no rechazará un regalo, ya que siempre tiene apetito.

Con eso, la Jardinera ofreció su brazo a Ahri, aún enredado con la vid de lirios nevados. Los capullos se desplegaron como manos extendidas.

Da tu aliento a esta flor mientras piensas en los recuerdos de los que deseas deshacerte, dijo la anciana, señalando el lirio acampanado. La flor los consumirá. No vuelvas a inhalar hasta que no sientas nada.

Ahri sostuvo la flor delicadamente entre sus dedos. La Jardinera asintió. Ahri respiró profundo y exhaló hacia la flor.

Ahri Lore 8

...Ahri estaba parada al lado de un hombre de cabello negro como ala de cuervo, en la orilla de un lago. Juntos saltaron al agua y gritaban mientras se divertían en las incesantes olas.

El sufrimiento de Ahri se disolvió como una nube junto con la imagen en su mente.

...en un bosque silenciado por el invierno, Ahri observaba a un hombre de cabello negro como ala de cuervo pintando una flor. No soy yo tu flor?, preguntó ella, retirando la cinta de su vestido. Él levantó la brocha y cubrió con pintura su descubierta espalda. Las cerdas cosquilleaban mientras él recreaba la flor sobre su columna. Lo eres, lo eres, repetía él, besando su hombro con cada palabra.

Ahri sabía que debía temer lo que estaba por ocurrir, pero su corazón se estaba tornando frío e insensible.

...estaba parada en el centro de un lago, sosteniendo el cuerpo sin vida del hombre al que había amado. Lo vio hundirse en el agua, hasta volverse apenas la distorsión de un reflejo vidrioso.

Antes, esta visión le habría causado un dolor punzante, pero Ahri no sentía más que un dolor apagado.

...Ahri estaba inclinada sobre un leñador caído en una caverna de piedra, consumiendo su vida. Al escuchar el sonido de botas sobre la nieve, se sobresaltó. El hombre de cabello negro como ala de cuervo estaba ahí, observando. Ahri se desesperó, no quería que él viera esto.

No puedo ser lo suficientemente buena para ti, dijo Ahri. Mírame, ávida por el alma de un hombre moribundo. Por favor, déjame. No soy buena. No puedo ser buena.

Su amor de cabello negro como ala de cuervo respondió: No me importa. Era la primera vez que Ahri recordaba que alguien la amaba por completo, a pesar de su naturaleza. Su voz era cálida y grave por la emoción. Soy tuyo.

El recuerdo se quedó atrapado en la garganta de Ahri y dejó de respirar, rompiendo el hechizo de la flor.

No, pensó. No puedo perder esto.

Ahri intentó inhalar, pero el aire se sentía como una soga alrededor de su cuello. La asfixiaba y sofocaba su garganta, como si estuviera respirando veneno. Su visión se oscureció, pero jadeó hasta que sus pulmones estuvieron a punto de reventar.

Perder esto lo mataría de nuevo.

Las rodillas de Ahri cedieron y colapsó sobre el suelo, con el lirio nevado aún en sus manos. El aroma antinatural que inhaló de la flor se metió en su mente, conjurando visiones extrañas y perturbadoras.

Ahri Lore 9

Ahri alucinó. En un silencioso bosque de nieve, imaginó cada una de sus nueve colas arrancadas desde la médula, que volvían a crecer para poder volver a ser arrancadas.

En una cueva de piedra, vio docenas de retratos de ella, pintados con pinceladas de tinta negra. En todas las imágenes, su rostro era blanco y frío.

Flotó, ingrávida, en el centro de un lago, y bajó la mirada para ver que estaba lleno, pero no de agua, sino de sangre.

¿Dónde estás?

En la visión de su mente, vio un rostro distorsionado por los infinitos pliegues de su memoria, uno que ya estaba olvidando. La cara se veía borrosa, como la pintura de un hombre en lugar del hombre en sí. Él la miraba fijo, pero ella no se atrevía a mirarlo.

Ahri abrió los ojos. La Jardinera estaba de pie frente a ella, sosteniendo la vid de lirios nevados que se había tornado color negro.

Ahri Lore 10

¿Aún puedes verlo?, preguntó la anciana.

Ahri se concentró en las formas difusas en su mente, hasta que se materializaron en un rostro. Su rostro.

Sí. Está turbio, pero... Lo recuerdo, dijo Ahri. Fijó la imagen de su rostro en su mente, memorizando todos los detalles. No permitiría que se disolviera.

Los ojos de la anciana destellaron, no con anhelo sino con arrepentimiento.

Entonces hiciste lo que la mayoría no tiene la fuerza para hacer. No sucumbiste ante la paz, afirmó la Jardinera.

No pude, dijo Ahri, ahogándose con sus palabras. No pude renunciar a él. Incluso si soy un monstruo. Incluso si cada día me derrumbo soportando el dolor cientos de veces. El olvido es peor, mucho peor.

El olvido eran cientos de rostros difuminados observándola con ojos vacíos.

No puedes recuperar lo que entregaste, Iminha, dijo la Jardinera. Las flores no renuncian a lo que se les dio voluntariamente. Pero puedes conservar lo que queda. Márchate. Sal de este lugar antes de que te consuma, susurró. Las vides se enroscaron en los hombros de la Jardinera y revelaron lirios de un profundo verde mar. Como lo ha hecho con muchos otros.

Ahri intentó ponerse de pie, pero una vid de lirios nevados se había enredado en una de sus colas. Forcejeó contra las garras aferradas, quitó púas de su pelaje hasta que pudo levantarse y correr. Raíces anudadas salieron del suelo, intentando aprisionarla mientras la vastaya saltaba entre ellas. Una enmarañada cortina de rosas lunares espinosas maniobró para bloquear el camino de Ahri, pero ella contuvo la respiración y se zambulló debajo de las flores, donde quedaron atrapados algunos mechones de cabello.

Ahri Lore 11

El camino del jardín se había cubierto de lirios nevados de todos los colores. Sus hojas, afiladas como cuchillas, cortaban la piel de Ahri, mientras altos tallos rodeaban su rostro y cuello para vendar su boca. Ahri soltó una mordida y destrozó las fibras con los dientes, sintió el sabor a sangre amarga. Atravesó el arco hasta las cavernas de piedra a toda velocidad.

Apenas podía distinguir la voz de la Jardinera.

Una parte de ti permanecerá aquí por siempre, dijo la mujer. A diferencia de nosotros, el jardín nunca olvida.

Ahri no miró hacia atrás.

Ahri Lore 12

Biografía

Ahri es una vastaya conectada de forma innata al poder latente de Runaterra, y es capaz de convertir la magia en orbes de energía pura. Disfruta jugando con su presa, manipulando sus emociones antes de devorar su esencia de vida. A pesar de su naturaleza depredadora, Ahri posee cierto sentido de la empatía, ya que recibe recuerdos de cada alma que consume.

Fue abandonada en los nevados bosques del norte de Jonia, por lo que no conoce nada de su familia biológica salvo el amuleto que le dejaron: un par de gemas idénticas. Se unió a una manada de zorros níveos cuando estaban acechando a su presa durante la caza matutina. Poco después, la aceptaron como una de los suyos. Como nadie pudo enseñarle la magia de los de su especie, Ahri aprendió de forma instintiva a extraerla del mundo que la rodeaba y a convertirla en esferas destructoras. De igual modo, aprendió a ser rápida de reflejos para acabar con su presa. Si se encontraba lo suficientemente cerca, era capaz de calmar a un ciervo hasta tal punto de tranquilidad que se mantenía sereno incluso cuando ella clavaba los dientes en su carne.

La primera vez que Ahri se encontró con humanos fue cuando una tropa de soldados extranjeros acampó cerca de su guarida. Sus comportamientos le resultaban extraños, así que, deseosa de saber más, los observó desde lejos. Se sentía especialmente atraída por un cazador que, a diferencia de sus derrochadores compañeros, aprovechaba cada parte de los animales que asesinaba, lo cual le recordaba a su familia de zorros.

Cuando el cazador cayó herido por una flecha, Ahri pudo sentir cómo su vida se desvanecía. De forma instintiva, devoró la esencia que abandonaba el cuerpo del cazador y obtuvo fogonazos de sus recuerdos: la amante que había perdido en batalla, sus hijos de una extraña tierra de hierro y piedra. Descubrió que podía convertir el miedo que él sentía en tristeza y, luego, en alegría, así que lo hechizó con las visiones de una pradera soleada en el momento de su muerte.

Eufórica por la emoción de absorber la vida del cazador, Ahri se sintió más viva que nunca y viajó a Jonia para buscar más víctimas. Disfrutaba jugando con su presa, manipulando sus emociones antes de devorar su esencia de vida. A veces, los encandilaba con visiones de belleza; otras, con alucinaciones de nostalgia profunda, y, en ocasiones, con sueños coloreados por pura tristeza.

Se embriagaba con recuerdos que no le pertenecían, y se conmovía con las vidas de los demás. A través de las visiones robadas, Ahri podía ver desde sus ojos cómo prometían fidelidad en un templo de sombras, sacrificaban ofrendas a una deidad encarnada del sol, se encontraban con una tribu aviaria vastaya que hablaba solo con canciones, y observaban paisajes montañosos que no se parecían a nada que ella hubiera visto antes. Sentía congoja y júbilo en tentadoras evocaciones que la dejaban con ganas de más, y lloraba al ver las masacres de los habitantes de Jonia a manos de los invasores noxianos.

Ahri se quedó sorprendida cuando sus recuerdos la llevaron a descubrir la historia de un demonio zorro sobrenatural. Cuanta más esencia de vida absorbía, más se identificaba con sus víctimas, y empezó a sentirse culpable por haber acabado con tantas vidas. Tenía miedo de que los mitos sobre ella fuesen ciertos: que no era sino un monstruo cruel. Pero, cuando pasaba demasiado tiempo sin alimentarse, sentía que su poder se desvanecía, y no podía evitar hacerlo de nuevo.

Ahri puso a prueba su autocontrol consumiendo pequeñas cantidades de esencia de vida, lo suficiente como para absorber un recuerdo o dos, pero no tantos como para matarlos. Durante un tiempo, su plan funcionó, pero su hambre insaciable la torturaba, y no tardó en sucumbir a la tentación; se dio un atracón con los sueños de todo un poblado costero.

Atormentada por su error, Ahri no pudo perdonárselo y sintió una tristeza tan profunda que la forzó a cuestionarse su propia existencia. Se retiró a las cuevas del bosque y se aisló con la esperanza de controlar su deseo implacable. Años más tarde volvió a salir, decidida a experimentar cada faceta de la vida a través de sus propios ojos. Aunque se alimentaba de forma ocasional con esencia, resistió la tentación de consumir sus vidas enteras. Con las gemas gemelas como única pista de sus orígenes, Ahri se propuso encontrar a otros de su especie. Ya no dependería de recuerdos y sueños prestados y desconocidos.

Las emociones humanas pueden ser más volátiles incluso que la magia más profunda. ~ Ahri

Ahri, conectada de forma innata con el poder latente de Runaterra, es una vastaya que puede modelar la magia en orbes de energía pura. Se divierte jugueteando con su presa y manipulando sus emociones, antes de devorar su esencia vital. A pesar de su naturaleza predadora, Ahri conserva cierta empatía al recibir destellos de los recuerdos de cada alma que consume.

Abandonada en los bosques nevados del norte de Jonia, Ahri no conoce a su familia original, solo conserva un recuerdo que le dejaron: un par de gemas idénticas. Se unió a la cacería matutina de una manada de zorros de hielo y, al poco tiempo, la adoptaron como una de ellos. Sin nadie que le enseñara la magia de su especie, Ahri aprendió instintivamente a atraerla del mundo que la rodeaba, modelando esferas destructivas y agilizando sus reflejos para acabar con su presa. Si estaba lo suficientemente cerca, podía calmar a un ciervo, de forma que permanecía sereno incluso cuando ella le clavaba los dientes en su carne.

Ahri se encontró con humanos por primera vez cuando una tropa de soldados extranjeros acamparon cerca de su guarida. Su comportamiento le pareció extraño y, con curiosidad de aprender más, los observó a la distancia. Se sentía particularmente atraída hacia un cazador que, a diferencia de sus inútiles compañeros, usaba todas las partes de los animales que había matado, lo que le recordó a su familia zorro.

Cuando este fue herido por una flecha, Ahri sintió cómo la vida del cazador se desvanecía. Instintivamente devoró la esencia que abandonaba su cuerpo y así obtuvo breves destellos de sus recuerdos: la amante que había perdido en la batalla, sus hijos en una extraña tierra de hierro y piedra. Ahri descubrió que podía llevar sus emociones del miedo, al dolor y a la alegría, así que lo cautivó con visiones de un atardecer en un prado mientras moría.

Eufórica con la adrenalina de haber absorbido la vida del cazador, Ahri se sintió más viva que nunca, y viajó por Jonia en búsqueda de más víctimas. Le gustaba juguetear con sus presas y alteraba sus emociones antes de devorar su esencia vital. Alternaba entre deslumbrarlas con visiones de belleza, alucinaciones de deseos profundos y, a veces, sueños con una pizca de tristeza pura.

Se embriagó de recuerdos que no le pertenecían, maravillada con las vidas de los demás. A través de visiones robadas, Ahri veía con sus propios ojos cómo sus víctimas juraban lealtad a un templo de sombras, ofrecían sacrificios a una deidad del sol encarnado, enfrentaban a una tribu aviar de vastaya que solo se comunicaba con cantos y vislumbraban paisajes montañosos que jamás había visto. Experimentó angustia y júbilo en seductores destellos que la dejaban ansiosa por más, y lloró ante las masacres que sufrieron los aldeanos jonianos en manos de los invasores noxianos.

Ahri se sorprendió cuando los recuerdos ajenos la llevaron a descubrir la historia de un demonio zorro sobrenatural. Conforme absorbía más esencia vital, se identificaba cada vez más con sus víctimas y se sentía culpable por terminar con tantas vidas. Temía que los mitos acerca de ella fueran realidad: no era más que un cruel monstruo. Pero cuando transcurría mucho tiempo entre sus ingestas, sentía su poder desvanecer y no podía más que volver a sus prácticas.

Ahri puso a prueba su autocontrol consumiendo pequeñas cantidades de esencia vital, lo suficiente para un recuerdo o dos, pero no para matar. Tuvo éxito durante un tiempo, pero el hambre sin fin era una tortura y pronto sucumbió ante la tentación, cediendo ante los sueños de una aldea costera entera.

Atormentada por su error, Ahri no podía perdonarse y sentía una profunda pena, que la llevó a cuestionar su propia existencia. Se retiró hacia las cuevas del bosque y se aisló con la esperanza de controlar su implacable deseo. Años después volvió a salir, determinada a experimentar todas las facetas de la vida con sus propios ojos. Aunque cada tanto se permitía absorber un poco de esencia, se resistía a consumir vidas enteras. Con el par de gemas como única pista de sus orígenes, Ahri salió en búsqueda de otros seres como ella. Ya no dependería de los recuerdos prestados ni de los sueños de desconocidos.

Las emociones humanas pueden ser más volátiles que la magia más profunda. ~ Ahri

Un Intercambio Justo

Ahri Lore 1

El mercado olía a incienso quemado y col podrida.

Ahri se envolvió con su capa, cubriendo sus nueve colas, y jugueteó con sus amuletos gemelos de piedra solar para distraerse del hedor. Los hacía rodar entre sus dedos y los juntaba de un chasquido. Ambos tenían la forma de una llama abrasadora, pero habían sido tallados de tal modo que sus bordes más afilados encajaban entre sí, formando un orbe perfecto. Hasta donde alcanzaba su memoria, siempre había llevado las dos piedras doradas consigo, aunque no conocía su origen.

A pesar de estar un entorno poco familiar, se sintió reconfortada al sentir la magia latente vibrar a su alrededor. Pasó junto a un puesto con docenas de cestas de mimbre llenas hasta el borde de piedras pulidas, conchas con leyendas de una tribu marina talladas en ellas, dados de juego esculpidos en hueso y otros objetos curiosos. Nada se parecía a los amuletos esculpidos de Ahri.

—¿Buscas una gema que sea tan azul como el cielo? —preguntó el mercader de barba gris—. A ti, te vendería una alhaja cerúlea por el coste de una sola pluma de cuervo llorón, o quizás por la semilla de un árbol jubji. Soy flexible.

Ahri le sonrió, pero sacudió la cabeza y siguió paseando por el mercado, con sus piedras solares en la mano. Pasó junto a un puesto lleno de verduras de un color naranja chillón. También vio a un niño que vendía frutas que cambiaban de color según el tiempo, y al menos a tres vendedores ambulantes balanceando cubos llenos de incienso que aseguraban haber descubierto la forma más profunda de meditación.

Ahri Lore 2

-¡El futuro! ¡Acercaos para que os lea el futuro! —gritaba una mujer joven con ojos color lavanda y rasgos suaves—. Descubrid de quién os enamoraréis, o cómo evitar la mala suerte con un poco de raíz de bardana. Si preferís dejar vuestro futuro en manos de los dioses, responderé preguntas sobre vuestro pasado. Aun así, os recomiendo saber si estáis en riesgo de morir envenenados.

Un vastaya con orejas felinas estaba a punto de morder un pastelito picante. Se quedó congelado y miró a la adivina alarmado.

—La respuesta es que no, por cierto. Te la regalo —dijo, haciéndole una reverencia justo antes de girarse hacia Ahri—. En cuanto a ti... Parece que tienes un pasado oscuro y misterioso. O algunas historias dignas de ser compartidas. ¿Tienes alguna pregunta que hacerme, señorita?

A través de las pesadas capas de incienso, Ahri notó la esencia de las pieles húmedas y el cuero especiado que colgaban del cuello de la mujer.

—Gracias, pero no —respondió—. Estoy dando una vuelta.

—No encontrarás más amuletos de Ymelo en este mercado, me temo —dijo la mujer, señalando con la cabeza las piedras solares de Ahri—. Como esos que tienes.

Ahri notó como el vello de la espalda se le erizaba y se acercó a la mujer. No quería dejar que la emoción la superase.

—¿Sabes lo que son? ¿De dónde vienen?

La mujer miró a Ahri a los ojos.

—Creo que son de Ymelo —contestó—, pero nunca los había visto en persona. Solo talló un número limitado en su época, y muchos de los pares se separaron durante la guerra. Son verdaderamente raros.

Ahri se acercaba más con cada palabra que pronunciaba.

—Soy Hirin, por cierto —dijo la mujer.

—¿Sabes dónde puedo encontrar a ese artesano? —preguntó Ahri.

—No tengo ni idea —contestó Hirin riéndose—. Pero, si entras, te contaré lo que sé.

Ahri se cubrió los hombros con la capa y siguió encantada a la vidente a través de la caseta, que llevaba a una caravana decorada con pieles de animales.

—¿Un poco de té? —le ofreció Hirin—. Lo hice esta mañana.

Sirvió dos tazas de un líquido del color del vino de ciruela, y se quedó con una de ellas. El té sabía a corteza de roble amarga, mezclado con una pizca de miel empalagosa. Hirin extendió la mano para que le dejase ver las piedras, pero Ahri no se las dio.

—Me da la sensación de que son especiales para ti —dijo la mujer con una sonrisa irónica—. No te preocupes, no tengo ningún interés en vender piedras solares robadas. No está bien visto para la reputación de una chica.

—¿Podrías decirme de dónde vienen? —preguntó Ahri, entregándoselas con cuidado.

Hirin las miró a contraluz.

—Son preciosas —dijo—. No sé cómo encajan tan bien. Nunca he visto nada igual.

Ahri no respondió. La miraba con curiosidad, sin apartar los ojos de ella.

—La leyenda cuenta que el escultor conocido como Ymelo coleccionaba huevos de lagarto fosilizados de miles y miles de años de antigüedad, y que los tallaba con formas complejas. Estos lagartos antiquísimos existían mucho antes de que el mar Ghetu se secase hasta convertirse en un desierto sin más que huesos petrificados y polvo.

Hirin tosió y Ahri detectó un toque amargo en su aliento, como si hubiera bebido vinagre.

—Las piedras de Ymelo están diseñadas como pequeñas piezas que encajan en una escultura más grande —continuó.

La mujer le colocó las piezas doradas frente a los ojos.

—Igual que tu pasado te ha dejado información por conocer, estas piedras puede que tengan muchas partes que, combinadas, crean otra forma diferente. Quién sabe en quién te convertirás cuando conozcas tu historia. Con las piezas que te faltan, puede que descubras más cosas de las que te gustaría.

—Unas palabras muy bonitas —murmuró Ahri, mirando a la mujer.

Después de un momento de silencio, Hirin se rio.

—Algunos hilos son reales, otros son inventados. El tejido de una adivina no debe mostrar sus costuras.

La mujer sacó un cuchillo de cazador de un armario.

—Entretejo lo justo para que os quedéis —dijo—. Hasta que el té os afloja los músculos.

Ahri dejó escapar un gruñido suave entre sus labios. Haría trizas a esa mujer. Intentó levantarse, pero sus extremidades no la obedecían. No se podía mover.

—No hace falta que hagas eso, señorita. Tan solo necesito una cola. Me sirve para varias pociones. Además, es extremadamente valiosa. O eso creo. Nunca había visto un vastaya con colas de zorro. El té merma el dolor, además de tu... movilidad.

Hirin envolvió una de las colas de Ahri en un vendaje. Ahri intentó resistirse, pero seguía sin poder moverse.

—Te despertarás mañana como nueva —dijo la mujer—. Bueno, con una cola menos. ¿De verdad usas las nueve?

Ahri cerró los ojos y absorbió las reservas de magia de su alrededor. El ambiente tenía tanta como necesitaba, pero el té la había debilitado demasiado como para atraerla toda hasta ella. Entonces, decidió acceder a la mente de Hirin, que era mucho más maleable, y se adentró en ella.

Ahri abrió los ojos y la miró intensamente. Los ojos de la adivina pasaron de un color lavanda a violeta.

—Hirin —dijo—. Acércate más. Quiero ver la cara de quien me ha engañado.

—Por supuesto, señorita —respondió Hirin, paralizada. La voz de la mujer sonaba hueca, como si proviniese del fondo de un pozo.

Se inclinó hasta que su cara quedó a tan solo unos centímetros de la de Ahri. La vastaya inhaló, absorbiendo esencias de la vida de la mujer a través de su respiración.

Hirin era una niña hambrienta y asustada que se ocultaba entre los puestos de mercado. Dos hombres discutían arriba y la buscaban. Sus arcas estaban vacías, después de días de trabajo...

Ahri continuó drenando su vida, tomando muestras de recuerdos de pura emoción. Dejaban un sabor agradable en la boca de Ahri, que disfrutaba del toque especial de cada emoción.

Hirin le leyó el futuro a una bruja doctora cubiertas con velos y recibió una moneda de cobre por las molestias. Usó ese dinero para comprar un mendrugo de pan, que devoró en cuestión de segundos...

En una taberna de mala muerte, un grupo ruidoso jugaba a las cartas. Un hombre con cejas que parecían alas de mariposa jugaba con una piedra de Ymelo dorada mientras Hirin observaba desde las sombras...

Hirin seguía a Ahri mientras caminaba por el mercado. Una de sus colas de zorro se asomó por debajo de su capa. Atrajo a la vastaya hasta su caravana...

Suficiente.

Ahri paró, la cabeza le daba vueltas con renovado vigor. Con cada recuerdo que le robaba a Hirin, sentía que recuperaba la energía de sus músculos, que el veneno desaparecía de ellos.

Volvía a tener fuerza, así que sacudió las extremidades, que ya le respondían, y sus colas se estremecieron de un escalofrío. Sintió un hormigueo.

Hirin la miraba con los ojos como platos y aturdida, pero bastante viva. Sería ella quien se levantaría mañana, como nueva, salvo con unos recuerdos menos que no echaría en falta.

Con los nuevos conocimientos acerca de la vida de la mujer, la ira de Ahri se había desvanecido. Le acarició la mejilla, se envolvió los hombros con su capa y salió al soleado mercado.

Hirin no recordaría haberla conocido. No obstante, Ahri había conseguido algo del intercambio: un nombre que rastrear, Ymelo. Además, la imagen del hombre con cejas como alas se le había quedado grabada en la mente.

Ahri Lore 3

Ahri Lore 1

El mercado olía a incienso quemado y col podrida.

Ahri envolvió sus nueve colas con su capa y jugueteó con sus piedras solares idénticas para distraerse del hedor, haciéndolas rodar entre los dedos y golpeándolas una con la otra. Las dos tenían la forma de una llama ardiente, pero estaban talladas de tal manera que sus bordes afilados encajaban, formando un orbe liso. Tenía las piedras doradas desde que podía recordar, pero desconocía su origen.

A pesar de que Ahri se encontraba en un entorno nuevo, se sentía reconfortada por la magia latente que zumbaba a su alrededor. Pasó por un puesto con docenas de canastillas tejidas, llenas hasta el borde de rocas lustradas, caparazones incrustados con leyendas de una tribu marítima, dados para apostar tallados en huesos y otros objetos curiosos. Nada se parecía al estilo de las piedras esculpidas de Ahri.

¿Te gustaría una gema del mismo azul que los cielos?, preguntó el comerciante de barba gris. Por ti, intercambiaría una bagatela cerúlea por el costo de una sola pluma de cuervo llorón, o tal vez una semilla de árbol jubji. Soy flexible.

Ahri le sonrió, pero negó con la cabeza y continuó atravesando el mercado, con las piedras solares en las manos. Caminó por un puesto cubierto de vegetales anaranjados con púas, un niño vendiendo fruta que cambiaba de color según el tiempo y al menos tres vendedores ambulantes agitando recipientes de incienso, que afirmaban haber descubierto la forma más profunda de meditación.

Ahri Lore 2

"¡Adivinaciones! ¡Venga a ver qué le depara el futuro!, gritaba una joven mujer con ojos lavanda y mandíbula suave. Averigüe de quién se enamorará o cómo evitar la mala suerte con una pizca de raíz de bardana. O si prefiere encomendar su futuro a los dioses, contestaré preguntas de su pasado. Aunque le recomiendo que averigüe si corre el riesgo de morir por envenenamiento.

Un vastaya alto con orejas de felino estaba a punto de morder un pastel especiado. Se detuvo y observó alarmado a la adivina.

Por cierto, la respuesta es no. Para ti es gratis, dijo la mujer, haciendo una reverencia hacia él, antes de dirigirse a Ahri. Ahora, usted aparenta haber tenido un oscuro y misterioso pasado. O al menos algunas historias dignas de contarse. ¿Alguna pregunta urgente que quiera hacerme, señorita?

Debajo de capas espesas de incienso, Ahri notó el perfume a pelaje húmedo y cuero especiado proveniente del cuello de la mujer.

Gracias, pero no, contestó. Estoy mirando qué encuentro.

Me temo que no hallarás más piedras ymelo en este mercado, dijo la mujer, asintiendo hacia las piedras solares de Ahri. Como las que posees.

Ahri sintió un escalofrío en la nuca y se acercó a la mujer. No permitiría que la emoción se apoderara de ella. ¿Las reconoce? ¿De dónde provienen?

La mujer observó a Ahri.

Son ymelos, según creo, contestó la mujer. Nunca vi un par con mis propios ojos. Él talló solo unos cuantos en su tiempo y la mayoría de los juegos se perdieron en la guerra. Son bastante inusuales.

Ahri se acercaba más con cada palabra.

Por cierto, soy Hirin, dijo la mujer.

¿Sabe dónde podría encontrar a ese artesano?, preguntó Ahri.

Hirin rio. No tengo idea. Pero si entras, te diré lo que sé.

Ahri se ajustó la capa sobre los hombros y, ansiosa, siguió a la adivina, atravesando su puesto hacia una casa rodante decorada con pieles de animales.

¿Té?, preguntó Hirin. Lo preparé esta mañana.

Sirvió dos tazas de un líquido color vino ciruela y tomó una para sí. El té sabía a corteza de roble amarga, encubierta por una porción empalagosa de miel. Hirin extendió la mano para tocar las piedras, pero Ahri las mantuvo con ella.

Tengo la impresión de que estas son especiales para ti, dijo la adivina con una sonrisa mordaz. No te preocupes, no me interesa vender piedras solares robadas. Es malo para la reputación de una mujer.

¿Puede decirme de dónde provienen?, preguntó Ahri, entregándolas cautelosamente.

Hirin las sostuvo hacia la luz.

Son hermosas, dijo. No sé cómo encajan de forma tan perfecta. Nunca he visto algo así.

Ahri permaneció en silencio. Estaba inmóvil por la curiosidad y no quitaba la vista de la mujer.

La leyenda dice que el escultor conocido como Ymelo coleccionó huevos de lagarto fosilizados durante cientos y cientos de años que talló en formas complejas. Estos antiguos lagartos vivieron mucho antes de que el Mar Ghetu se convirtiera en un desierto y solo quedaran de ellos huesos petrificados y polvo.

Hirin tosió y Ahri detectó una nota amarga en su aliento, como si hubiera estado bebiendo vinagre.

Las piedras ymelo están diseñadas como pequeñas piezas que encajan en esculturas más grandes, continuó.

La mujer balanceó las piezas doradas frente al rostro de Ahri.

Así como tu pasado te dejó más preguntas que respuestas, estas piedras tal vez tengan más piezas que, combinadas, crean una nueva forma. Quién sabe en qué te convertirás cuando averigües tu historia. Con las piezas faltantes, tal vez descubras más de lo que te gustaría.

Esas son palabras encantadoras, murmuró Ahri, observando a la mujer.

Tras un momento de silencio, Hirin soltó una risita. Algunos hilos de verdad, otros de mi propia invención. El tejido de una adivinadora debe ser impecable.

La mujer extrajo un cuchillo de cazador de un gabinete.

Tejo lo suficiente de lo que deseas para hacer que te quedes, dijo la mujer. Hasta que el té relaja tus músculos, claro.

Un gruñido escapó de los labios de Ahri. Destrozaría a esta mujer. Intentó abalanzársele encima, pero sus extremidades no respondieron. Estaba inmóvil en su lugar.

Oh, no hay necesidad de eso. Solo necesito una cola. Es muy útil para una gran variedad de pociones, verás, y es extremadamente valiosa. O al menos eso creo. Nunca había visto a una vastaya con colas de zorro. El té paraliza cualquier dolor, así como tu... movilidad.

Hirin envolvió con un vendaje una de las colas de Ahri. Ella intentó resistirse, pero no podía moverse.

Despertarás mañana, ¡como nueva!, dijo la mujer. Bueno, con una cola menos. ¿Realmente usas las nueve?

Ahri cerró los ojos e invocó las reservas de magia que la rodeaban. El ambiente tenía bastantes para usar, pero estaba demasiado debilitada por el té para atraerlas. En lugar de eso, se adentró en la mente de Hirin, que era más maleable, y empujó.

Ahri abrió los ojos y clavó su mirada en la de Hirin. Los ojos de la adivina adquirieron un color más profundo.

Hirin, dijo la vastaya. Acércate. Quiero ver el rostro de quien me engañó.

Claro, señora mía, contestó Hirin, embelesada. La voz de la mujer sonaba vacía, como si viniera del fondo de un pozo.

Se inclinó hasta que su rostro quedó a pocos centímetros de distancia. Ahri inhaló para atraer las esencias de la vida de la mujer, desde su aliento.

...Hirin era una niña pequeña escondida, hambrienta y atemorizada, debajo de un puesto del mercado. Dos hombres discutían por encima, la buscaban. No tenía más que cofres vacíos que mostrarles por sus días de trabajo...

Ahri continuó drenando la vida de Hirin, probando memorias de emociones puras. Eran enriquecedoras en la boca de Ahri, y disfrutaba el sabor único de cada emoción.

... Hirin predijo el futuro de un doctor hechicero envuelto en mantos y recibió un centavo por su trabajo. Utilizó esa moneda para comprar un pedazo de pan, que devoró en segundos...

... En una turbia taberna, un grupo ruidoso jugaba a las cartas. Un hombre con cejas similares a alas de mariposa apostó una piedra dorada ymelo, mientras Hirin observaba desde las sombras...

... Hirin siguió a Ahri desde que entró al mercado. Una de sus colas de zorro se había asomado por debajo de la capa. Atrajo a la vastaya hasta su remolque...

Suficiente.

Ahri se detuvo. La cabeza le daba vueltas con vigor renovado. Con cada memoria que había robado de Hirin, sentía que recuperaba rápidamente la energía de sus músculos debilitados, libres del veneno.

Fortalecida una vez más, agitó las extremidades con cuidado y flexionó las colas. Sintió cosquillas.

Hirin estaba con los ojos bien abiertos y aturdida, todavía viva. Sería ella quien despertaría mañana, como nueva, con algunas memorias menos que no extrañaría.

Ahora que conocía algo de la vida de la mujer, la ira de Ahri se había esfumado. Acarició apenas la mejilla de la adivina, después envolvió sus hombros con la capa y salió al soleado mercado.

Hirin no la recordaría a ella ni a su encuentro. Pero Ahri dejó el mercado con un nombre que buscar, Ymelo, y la imagen del hombre con cejas en forma de ala quedó grabada en su mente.

Ahri Lore 3