FANDOM


Evelynn loading screen
Evelynn
Titulo: la Hacedora de Viudas

el Abrazo Agónico (EUW)

Abrazo de la Agonía (LAN/LAS)

Alias: Lady Evelynn

Mujer de cuernos por VayneSquare

Afiliación: Neutral
Lugar de Nacimiento: Islassombras Probablemente
Atributo Principal: Asesino
Atributo Secundario: Mago
Rewardicons rp: 585 RP
Datos del Campeón
Especie: Demonio de lujuria (Sucubo)
Doblaje Latino: Rebeca Patiño
Doblaje Español: María Blanco
Color de Pelo: Violeta
Color de Ojos: Rojos
Genero: Femenino
Ocupación: Asesina

Bailarina (Skin)

Ladrona (Skin)

Arma: Púas

1° Biografía

El origen de Evelynn está envuelto en el misterio, enigma que ella misma se encarga de alimentar. Sin embargo, algo que todo el mundo sabe sobre Evelynn es que es una de las asesinas más hábiles de Valoran. Nada más conocerla, se puede deducir que no es del todo humana. Algunos opinan que de niña fue maldita con alguna variedad leve de vampirismo fantástico. Quienes apoyan esta teoría sostienen que su habilidad para absorber la esencia vital de sus enemigos dentro (y fuera) de los Campos de la Justicia y su inmunidad a la luz solar constituyen pruebas fehacientes de ello. Existen pruebas de que Evelynn procede de las Islas de la Sombra, una misteriosa región situada al noroeste de Valoran que está permanentemente cubierta por una niebla densa y antinatural. Algunos creen que las Islas de la Sombra son el hogar de incontables especies de no muertos, aunque nadie parece desear trasladarse a la zona para averiguar la verdad. Evelynn ni confirma ni desmiente su vinculación con las Islas de la Sombra.

Las figuras más poderosas de Valoran saben que el precio de los servicios de Evelynn es muy elevado, por lo que su reciente ingreso en la Liga de Leyendas indica que su ambición es cada vez mayor. Su fiereza en los Campos de la Justicia es tal, que han empezado a circular nuevos rumores sobre sus orígenes. El más popular de todos (según el cual abusó de la magia de pequeña y se transformó en la bestia hambrienta que hoy aterroriza a sus rivales en el campo de batalla) siempre le roba una sonrisa, momento en que se pueden ver sus dientes y colmillos afilados como cuchillas. En la actualidad cuenta con el favor de los invocadores de la Liga, gracias a lo cual goza de una influencia con la que nadie sabe muy bien qué puede llegar a hacer. Si bien sus planes (al igual que tantas otras cosas sobre ella) son una incógnita, no cabe ninguna duda de que están concebidos a escala global.

Para mí no entraña misterio alguno, es la depredadora perfecta. ―Jax

Las Sombras Llaman/El Llamado de las Sombras

Saito Takeda apoyó los codos sobre la superficie laqueada del escritorio; el cuero grueso de sus guantes crujió al entrecruzar los dedos. Lo que antaño eran pesados bloques de músculo se habían convertido en grasa, pero aún resultaba un hombre grande e intimidatorio. Su mirada era inescrutable, pues sus ojos habían sido reemplazados hacía tiempo por unas lentes reflectantes negras y sin alma.

Un par de guardaespaldas con numerosas mejoras permanecían a su lado. Eran los mejores que el dinero podía comprar: sus cuerpos se habían convertido en armas químicas y tecnológicas en manos del brillante, aunque trastornado, científico Singed.

La violencia y ambición intrínsecas de Takeda lograron que pasara de unos orígenes humildes a convertirse en uno de los barones de la química más poderosos, los infames gobernantes de la ciudad subterránea de Zaun. Hoy ha planeado la caída de otro de sus rivales.

—Tráela, Ortos —dijo a través de una nube de humo exhalado.

Unas cadenas invisibles repiquetearon y se tensaron, y las oscuras puertas de hierro que daban a su despacho se abrieron. Dos guardaespaldas más permanecían fuera, callados y atentos. Toda precaución era poca. Takeda lo había aprendido por las malas, tal como atestiguaban sus muchas cicatrices.

El chambelán de cabeza rapada de Takeda, Ortos, dio un paso adelante y guió a una pequeña figura hasta la entrada.

Estaba cubierta por sombras, por lo que no se la podía ver con claridad, aunque Takeda logró atisbar su carne azulada y un par de ojos de depredador que reflejaban los candelabros de fuego químico de su despacho. Se estremeció al verla aparecer, pero consiguió reprimir la sensación. Era uno de los hombres más temidos de Zaun. ¿Por qué habría de sentirse inquieto en su propio despacho?

—La dama Evelynn —anunció Ortos.

Takeda agitó la mano enguantada y Ortos se retiró, cerrando las puertas con un chirrido. Evelynn avanzó, moviéndose con una gracia sublime; los tacones de sus botas producían un eco muy claro.

Se detuvo al otro lado del amplio escritorio de Takeda y colocó las manos en las caderas. Ahora la podía ver con más claridad, pues las sombras se habían retirado a los rincones de la sala.

Su esbelta figura estaba cubierta de un cuero rojo reluciente y sus ojos eran amarillos y almendrados, como los de un gato. Una melena de cabello carmesí le enmarcaba la cara y sus colmillos centellearon cuando abrió la boca para sonreír sardónicamente.

—Me han llamado muchas cosas —dijo—, pero ¿dama? Eso es nuevo.

Takeda se reclinó en su asiento, observándola. —Por aquí casi todos te llaman la Hacedora de Viudas.

Evelynn se encogió de hombros. —Al menos es preciso.

—Nunca me he casado —dijo Takeda—. Pero al que quiero que asesines, el barón Artega Holt, tiene una esposa. De hecho, tiene dos y un montón de queridas.

—Parece francamente encantador. Seguro que le echan mucho de menos —musitó Evelynn—. Me encantará conocerlo.

—Antes de contratarte, necesito una salvaguarda —dijo Takeda—. ¿Cómo puedo saber que eres la persona adecuada para esta tarea?

—¿Es que voy a tener que demostrarlo como cualquier asesina de medio pelo? —preguntó con cierto tono de irritación en la voz—. ¿De verdad hace tanto que no piso Zaun como para tener que pasar una prueba?

—De vez en cuando nos enteramos de alguna de tus proezas. El caballero demaciano que asesinaron el año pasado, fuiste tú, ¿no?

Evelynn asintió pausadamente. —Fui yo.

—¿Y el heredero del clan Kozari, en Piltover, la semana pasada?

La expresión de Evelynn se endureció.

—No, no fui yo —dijo—. Fue la dama gris.

—Ah —musitó Takeda—. Interesante. Bueno, eso quiere decir que no hay que hacer mucho caso de las habladurías. Confiaré en lo que vea con mis propios ojos.

—Entonces me temo que esto pueda decepcionarte —siseó Evelynn.

La asesina de piel azulada retrocedió un paso y desapareció entre las sombras. Los guardaespaldas de Takeda se pusieron tensos y flexionaron inquietos sus extremidades reforzadas con pistones. Takeda miró a izquierda y derecha para localizarla. Nada. Se había evaporado por completo, como si se la hubiera tragado la oscuridad.

—No está mal —dijo. Había oído rumores acerca de su poder, pero claro, a veces se exagera mucho. Le complacía comprobar que en este caso los rumores fueran ciertos.

Unas manos como garras lo atraparon por detrás; las uñas, rojas como la sangre, se clavaban en su piel al tiempo que Evelynn surgía de las sombras. Era mucho más fuerte de lo que parecía y logró girarle la cabeza violentamente para dejar su grueso cuello expuesto. Su agarre era gélido, como si no le corriera sangre por las venas, y tenía los colmillos a pocos centímetros de su yugular.

Sus guardias se dieron la vuelta al instante y avanzaron para defender a su maestro, pero Takeda levanto la mano para detenerlos. Sabía que serían demasiado lentos en caso de que quisiera acabar con él de verdad.

—¿Qué opinas? —exhaló Evelynn enseñando los dientes y dejando que su aliento gélido le acariciara la garganta—. ¿Ya te he impresionado?

Takeda resopló.

—Desde luego no está mal —dijo—. Sí, creo que servirás. Ahora, discutamos mi oferta.

—Espero que puedas permitirte a alguien como yo —murmuró mientras apretaba más fuerte y se acercaba aún más—. No quiero que me hagas perder tiempo.

Takeda tragó saliva incómodo. —No creo que eso sea un problema —dijo.

Evelynn le soltó de un empujón y se sentó en el borde de la mesa. Se estiró como un gato, con calma e indiferencia.

—Aún no has preguntado mi precio —dijo.

—Sea cual sea, puedo pagarlo.

—El dinero no me interesa en absoluto, Saito —dijo.

Takeda frunció el ceño. —¿Y qué es lo que quieres?

—Mucho más de lo que estás dispuesto a dar, me da la impresión —dijo—. Aun así creo que lograré convencerte.

—Aquí las cosas no funcionan así —gruñó Takeda—. Este distrito me pertenece. Nadie me exige nada.

—Solo has visto una fracción de lo que puedo hacer —dijo Evelynn. Se echó hacia atrás sonriendo—. Estoy en una posición perfecta para exigir algunas cosas.

Takeda no dijo nada. Tenía el cuerpo en tensión. Abrió la boca para hablar, pero Evelynn le interrumpió, levantando un dedo.

—No vayas a decir nada imprudente, querido —dijo—. Morirías antes de que las palabras salieran de tus labios.

Takeda la miró, paralizado por la incertidumbre.

—Muy sabio —dijo Evelynn tras dejar pasar unos momentos. Se irguió, rodeó el escritorio y se dirigió a la puerta.

—Artega Holt habrá muerto al amanecer —dijo, sin darse la vuelta—. Me pondré en contacto para el primer pago.

—¿El primer pago? —preguntó Takeda.

—El primero de muchos —respondió ella, haciendo una pausa para mirarle—. Sería sabio por tu parte recordar que puedo atacar allá donde hay oscuridad. Y Zaun es un lugar muy oscuro.

Dirigió la mirada a la puerta y levantó una ceja. Takeda gruñó una orden y las puertas se abrieron. Antes de irse, Evelynn le dedicó un guiño.

—No te preocupes demasiado —dijo mientras se fundía con la oscuridad—. Mientras no me irrites, esta sociedad nos beneficiará a ambos.

Takeda se quedó sentado en silencio. Tras unos pocos minutos, su chambelán curioseó dentro de la habitación.

—¿Puedo traerle algo, mi señor? —preguntó Ortos.

—No —respondió Saito Takeda apretando los dientes. Dio un puñetazo en la mesa—. Déjame solo. Todos, dejadme solo. Y avivad la caldera. Aquí hay demasiadas sombras...

Saito Takeda apoyó los codos en la superficie lacada de su escritorio. El cuero grueso de sus guantes crujía mientras golpeteaba entre sí las yemas de sus dedos. Lo que en años pasados habían sido gruesas masas de músculos, lentamente se había transformando en grasa, pero él seguía siendo un hombre grande e intimidante. Su mirada era inescrutable y sus ojos habían sido ocupados hace tiempo por unos lentes negros reflectantes, fríos y faltos de alma.

Un par de guardaespaldas de enorme tamaño permanecían a cada uno de sus lados. Eran lo mejor que el dinero podía comprar; el brillante, aunque trastornado, científico Singed había convertido sus cuerpos en brutales armas de tecnología química.

La inherente violencia y ambición de Takeda lo habían hecho salir de sus humildes orígenes para convertirse en uno de los barones químicos más poderosos de Zaun, quienes eran los infames gobernantes de las entrañas de la ciudad. Hoy planeaba la caída de otro de sus rivales.

'Hazla pasar, Ortos', dijo, en medio de la nube de humo que había exhalado.

Las cadenas ocultas tintineaban y se tensaban, y las oscuras puertas de hierro de su oficina se abrieron por completo con un chirrido. Otros dos guardaespaldas permanecían afuera prestando vigilancia silenciosa. Demasiados cuidados nunca son suficientes. Takeda lo había aprendido por las malas, como lo atestiguaban sus diferentes cicatrices.

El chambelán calvo de Takeda, Ortos, dio un paso adelante llevando a una pequeña figura hacia la entrada.

Las sombras no se despegaban de ella, por lo que era difícil distinguirla claramente, aunque Takeda pudo ver por un instante parte de una piel de tono azul y un par de ojos voraces que reflejaban los apliques de fuego químico de la oficina. Sintió una extraña sacudida de aprensión ante su presencia, pero la ignoró. Era uno de los hombres más temidos en Zaun; ¿por qué debería sentirse incómodo en su propia oficina?

'La señorita Evelynn', anunció Ortos.

Takeda hizo una seña con su mano enguantada. Ortos se retiró y las puertas se cerraron tras él. Evelynn avanzó con paso despreocupado, moviéndose con una gracia sublime y los tacones de sus botas resonaban dejando un marcado eco.

Se detuvo de repente del otro lado del amplio escritorio de Takeda y posó las manos en las caderas. Ahora él podía verla más claramente, ya que las sombras habían quedado atrás, en las esquinas de la sala.

Su delgada figura vestía un cuero rojo brillante y sus ojos eran amarillos y almendrados, como los de un gato. Una salvaje melena de cabello carmesí enmarcaba su rostro y unos filosos caninos brillaban a medida que sus labios se separaban para formar una sarcástica y burlona sonrisa.

'Me han llamado de muchas maneras', dijo ella, 'pero, ¿señorita? Esa es nueva'.

Takeda se reclinó en su asiento, analizándola. 'Por aquí muchos te llaman la Hacedora de Viudas'.

Evelynn se encogió de hombros. 'Al menos es preciso'.

'En lo que a mí respecta, nunca me he casado', dijo Takeda. 'Pero el que quiero que mates, el Barón Artega Holt, tiene esposa. Dos, en realidad, y una multitud de amantes'.

'Suena totalmente encantador. Seguro lo extrañarán muchísimo', susurró Evelynn. 'Me encantará conocerlo'.

'Antes de encomendarte esta tarea, necesito tener algún tipo de garantía', dijo Takeda. '¿Cómo sé que eres la indicada para este trabajo?'

'¿Vas a hacer que te lo demuestre? ¿Degollando a alguien en un callejón, tal vez?', preguntó ella con un dejo de irritación en la voz. '¿Hace tanto que no piso Zaun que realmente tengo que hacer una audición?'

'De vez en cuando oímos algo sobre tus proezas. El comandante caballero demaciano asesinado el año pasado; fuiste tú, ¿verdad?'

Evelynn asintió con un movimiento lento. 'Así es'.

'¿Y el heredero del Clan Kozar, en Piltóver, la semana pasada?

La expresión de Evelynn se endureció.

'No, no fui yo', dijo ella. 'Esa fue la Dama Gris'.

'Ah', exclamó Takeda. 'Qué interesante. Bueno, supongo que eso prueba que no siempre se puede confiar en las reputaciones y los rumores. Creeré en lo que pueda ver con mis propios ojos'.

'Entonces me temo que esto te decepcionará', dijo entre dientes Evelynn.

La asesina de piel azulada dio un paso atrás y desapareció repentinamente entre las sombras. Los guardaespaldas de Takeda se pusieron tensos y flexionaban las extremidades fortalecidas con pistones en señal de preocupación. Takeda miraba hacia la izquierda y hacia la derecha, tratando de ubicarla. Nada. Se había ido, sin más; había desaparecido por completo, como si se la hubiera tragado la oscuridad.

'No está mal', dijo. Él había oído hablar sobre su poder, por supuesto, pero algunas cosas a veces se exageran demasiado. Estuvo complacido de ver que los rumores eran ciertos en este caso.

Unas garras lo tomaron por detrás y unas uñas color rojo sangre se enterraron en su piel mientras Evelynn aparecía de entre las sombras. Ella era mucho más fuerte de lo que parecía y a la fuerza le giró la cabeza para dejar expuesto su grueso cuello. Su toque era gélido, como si ya no corriera sangre caliente por sus venas, y sus colmillos quedaron a centímetros de la yugular.

Los guardias se dieron vuelta enseguida y se abalanzaron para defender a su maestro, pero Takeda levantó una mano para detenerlos en el acto. Sabía que serían demasiado lentos si ella realmente quisiera terminar con su vida.

'¿Qué opinas?' musitó Evelynn mostrando los dientes y su helado aliento acariciaba la garganta de Takeda. '¿Logré impresionarte?'

Takeda resopló.

'Nada mal', dijo él. 'Sí, lo harás muy bien. Ahora discutamos mi oferta'.

'Espero que puedas costearme', dijo ella entre dientes, apretando más su cuello e inclinándose aún más. 'No quiero que me hayas hecho perder el tiempo aquí'.

Takeda tragó saliva en evidente incomodidad. 'No creo que ese sea un problema', dijo.

Evelynn lo soltó con un empujón y se sentó en el borde de la mesa. Se estiró como un gato con total tranquilidad.

'Aún no me has preguntado el precio', dijo ella.

'Lo que sea, puedo pagarlo'.

'El dinero no es de mi interés, Saito', exclamó la asesina.

Takeda frunció el ceño. 'Entonces, ¿qué es lo que quieres?'

'Mucho más de lo que estarás dispuesto a ofrecer, creo', contestó. 'Pero estoy segura de que accederás'.

'Esta no es la forma en que funcionan las cosas aquí', gruño Takeda. 'Soy el dueño de este distrito; nadie puede venir a exigirme nada'.

'Solo has visto una parte de lo que soy capaz de hacer', dijo Evelynn y se reclinó sonriendo. 'Estoy en buena posición para tener varias exigencias'.

Takeda no dijo nada, su cuerpo estaba tenso. Abrió la boca para hablar pero Evelynn lo interrumpió levantando un dedo.

'No digas nada precipitado, querido', dijo ella. 'Estarás muerto antes de que las palabras hayan dejado tus labios'.

Takeda la miró fijamente y quedó inmóvil, sin saber qué hacer.

'Eso es', dijo Evelynn después de un momento. Se paró, dio la vuelta al escritorio y se dirigió hacia la puerta dando zancadas.

'Artega Holt estará muerto antes de que salga el sol', dijo sin mirar atrás. 'Me pondré en contacto para mi primer pago'.

'¿Primer pago?' dijo Takeda.

'El primero de varios', dijo ella tomándose un momento para mirarlo. 'Sería prudente que recordaras que puedo atacar desde cualquier lugar donde haya oscuridad. Y Zaun es un lugar muy oscuro'.

Ella hizo un gesto con la cabeza señalando la puerta y levantando una ceja. Takeda masculló una orden y las puertas se abrieron. Antes de irse, Evelynn le hizo un guiño.

'No te lo tomes a mal', dijo la mujer mientras se perdía entre las sombras. 'Siempre y cuando no me irrites, esta sociedad funcionará para ambos'.

Takeda se sentó solo y en silencio. Después de unos minutos, su chambelán echó un vistazo adentro.

'¿Puedo servirle en algo, mi señor?' Dijo Ortos.

'No', dijo Saito Takeda con los dientes apretados. Lanzó un puñetazo contra el escritorio. 'Déjame, desaparece, déjame solo. Y échale leña a la caldera. Hay demasiadas sombras aquí...'

2° Biografía

Tan veloz como letal, Evelynn es una de las asesinas más eficientes —y caras— de toda Runaterra. Capaz de fundirse con las sombras a voluntad, acecha paciente a su presa, esperando el momento preciso para atacar. Es evidente que no es del todo humana y, aunque no está claro cuál es su linaje, se cree que procede de las Islas de la Sombra. Sin embargo, sus vínculos con este reino torturado permanecen revestidos de misterio.

Tan veloz como letal, Evelynn es una de las asesinas más eficientes (y caras) de toda Runaterra. Capaz de fundirse con las sombras a voluntad, acecha paciente a su presa, esperando el momento preciso para atacar. Es evidente que no es del todo humana y, aunque no está claro cuál es su linaje, se cree que procede de las Islas de la Sombra. Sin embargo, sus vínculos con este reino torturado permanecen revestidos de misterio.

Biografía

El súcubo Evelynn acecha a sus presas con una voluptuosa fachada de mujer humana. Cuando su víctima sucumbe ante sus encantos, la somete a un tormento atroz, deleitándose con su dolor. Y, sin embargo, la vida humana se consume rápidamente durante el abrazo agónico. Su dolor es demasiado efímero como para darle algo más que bocados de placer, apenas suficiente para saciarla hasta su siguiente festín.

"Sin dolor, ¿cómo iban a conocer el placer?"

La demonio Evelynn atrae a sus presas con una hermosa mentira: la voluptuosa fachada de una mujer humana. Una vez que la víctima cae en la red de sus encantos, la somete a tormentos inimaginables y se gratifica con su dolor. Sin embargo, los humanos fenecen demasiado rápido durante su abrazo de agonía. Una danza solo produce un ínfimo placer a Evelynn; lo justo para permitirle sobrevivir hasta poder volver a alimentarse.

"Si no existiera el dolor, ¿cómo conocerían el placer?".